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Cuentos de amor
Mostrando del 1 hasta 10 de 14 artículos en esta categoria.
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Hechizo De Amor
El no tenía problemas en la vida. Su existencia era monótona, pero armoniosa. En realidad no era desagradable, ni mucho menos feo, inclusive, si se esforzaba podía parecer listo; sin embargo, sucedía que era, tristemente común y corriente... |
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El Corazón Perdido
Yendo una tardecita de paseo por las calles de la ciudad, vi en el suelo un objeto rojo; me bajé: era un sangriento y vivo corazón que recogí cuidadosamente. «Debe de habérsele perdido a alguna mujer»... |
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¿Crees En Cuentos De Hadas?
-¿Todavia crees en cuentos de hadas?-Ya nose en que creer. Me olvide de como se aguanta-No se aguanta,simplemente \\ |
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Mi Suicidio
Muerta «ella»; tendida, inerte, en el horrible ataúd de barnizada caoba que aún me parecía ver con sus doradas molduras de antipático brillo, ¿qué me restaba en el mundo ya? En ella cifraba yo mi luz, mi regocijo, mi ilusión, mi delicia toda... |
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La Perla Rosa
Sólo el hombre que de día se encierra y vela muchas horas de la noche para ganar con qué satisfacer los caprichos de una mujer querida -díjome en quebrantada voz mi infeliz amigo-... |
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El Amor Asesinado
Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo... |
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La Aventura Del Àngel
Por falta menos grave que la de Luzbel, que no alcanzó proporciones de «caída», un ángel fue condenado a pena de destierro en el mundo... |
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La Última ilusión de Don Juan
Las gentes superficiales, que nunca se han tomado el trabajo de observar al microscopio la complicada mecánica del corazón, suponen buenamente que a Don Juan, el precoz libertino, el burlador sempiterno, le bastan para su satisfacción los sentidos y, a lo sumo, la fantasía, y que no necesita ni gasta el inútil lujo del sentimiento, ni abre nunca el dorado ajimez donde se asoma el espíritu para mirar al cielo cuando el peso de la tierra le oprime... |
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El Viajero
Fría, glacial era la noche. El viento silbaba medroso y airado, la lluvia caía tenaz, ya en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las dos o tres veces que Marta se había atrevido a acercarse a su ventana por ver si aplacaba la tempestad, la deslumbró la cárdena luz de un relámpago y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa... |
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El Dominó Verde
ncreíble me pareció que me dejase en paz aquella mujer, que ya no intentase verme, que no me escribiese carta sobre carta, que no apelase a todos los medios imaginables para acercarse a mí... |
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