Desde que somos pequeñas nos bombardean en las películas y en los cuentos con historias de príncipes azules y medias naranjas. Nos convencen de alguna manera, que hay una persona ideal, perfecta para nosotras en algún lado, y que lo que hay que hacer es tratar de encontrarla. Así muchas mujeres pasan años y años buscando a ese supuesto príncipe azul, y consolándose de que en algún lado tiene que estar.
Si bien es aceptable tener una postura de este tipo, ya que cada uno es libre de creer lo que quiere, muchas veces se convierte en un obstáculo a la hora de entablar vínculos con los demás.
Es fácil suponer que si esperamos una persona perfecta, la espera pueda ser eterna. No es conveniente tener un modelo de hombre programado de antemano y buscarlo por ahí, porque el componente de sorpresa es inevitable, y nadie puede ser tal cual lo pensamos.
Sin embargo podríamos excusarnos diciendo que hay muchas personas que claman haber encontrado esa media naranja, ese hombre perfecto que siempre buscaron, pero a eso podríamos contestar con una simple palabra que resume lo que estamos discutiendo: idealización.
Cualquiera que haya estado enamorado podrá dar cuenta de que en el momento de máximo enamoramiento uno no puede visualizar defectos en la persona querida. Nos cuesta ver lo que esa persona puede tener de malo y nos convencemos de que hemos encontrado la perfección. De aquí que muchas de esas parejas no se puedan sostener en el tiempo, por la dificultad de ir lidiando con aquellas pequeñas cosas que no nos gustan del otro.
Nuestro consejo es entonces, que aprendas a querer al otro no solo por las cosas buenas y atractivas que tiene, sino también por las que no son tan radiantes. Reconocer que el otro tiene defectos y de que podemos vivir con ellos, es otro tipo de perfección que puede hacernos muy feliz. Es la perfección imperfecta. |